Hola! Me llamo Olaya y quiro contarte más sobre mí
¿Por dónde empezar? Podría contarte mi formación o aquella visita al dentista que me cambió la vida Sólo quien practica de corazón sabe que se practica en la esterilla pero se aplica lo aprendido fuera de ella.
Formación
Siempre he sido muy artista, como dice mi abuela.
Empecé en esta vida dirigiéndome al arte, soy dibujante y me gradué en 2019 en la carrera de Bellas artes.Aprender a dibujar es aprender a ver, y yo creo que por ahí el yoga me enganchó, para aprender a ver también por dentro.
En 2022 me inscribí en la Formación de 4 años para profesores de yoga en Sadhana Valencia, a lo grande. Porque soy tauro supongo, y no me da miedo la constancia, si no la ignorancia.
En esta escuela se valora un yoga que integra anatomía, trabajo energético sobre chakras, trabajo de respiración y conocimiento de la filosofía del yoga. Además el carácter acogedor de Sadhana enseña mediante el ejemplo esa intención de cotidianidad amorosa y compasión. La escuela la fundó Carlos Fiel, que es transmisión viva de las enseñanzas del maestro Krishnamacharya. Los formadores, Carmela, Maite, Martín…son piezas clave de los que se puede aprender eternamente, y son personas brillantes, sin un ego espiritual místico y exagerado.
Ese mismo año me formé en Yin Yoga (50h Yoga alliance) un estilo de yoga más lento enfocado en la flexibilidad y estiramiento profundo de las cadenas musculares.Con ello comencé a interesarme por los meridianos, la medicina china y los puntos de acupuntura que todavía hoy me fascinan.
Lo último que descubrí es el SUP Yoga, yoga sobre el mar en una tabla de paddle surf. Me encanta juntar a mis alumnos habituales con la familia y amigos que se apuntan al Sup yoga, pasar un dia en el mar, ver el atardecer en el puerto y cenar algo rico.Es un evento hermoso que hago los meses de calor para divertirnos y salir de la práctica habitual.
Y si hablamos de formación, creo que la práctica es una gran maestra.Empecé mi práctica personal de yoga en 2017 y se ha convertido en parte de mí.Me gusta como cada vez que práctico es la primera vez, cada vez es nueva, cada día una sorpresa.
Mis maestros, mis alumnos
Es cierto que nos hacemos profes de yoga para seguir estudiándolo, y nuestros alumnos son los que nos enseñan día a día.
De mis alumnos más mayores de campanar con los que empecé en 2023 me llevo la gran satisfacción de ver que nunca es tarde para vivir mejor, el cuerpo por muy cerrado que esté es agradecido a la práctica.Aprendo de ellos la fe en el yoga, el compromiso y la voluntad, sobre todo la de aquellos que vienen a sus 70 o 80 años a su primera clase.
De las clases multinivel que he impartido en Centre mompó y yoyoga he aprendido que el grupo tiene que ser compasivo, las posturas o asanas tienen que ser asequibles para esos principiantes que entran por la puerta en su primer día y emocionante para que las personas que están más familiarizadas no pierdan la motivación y sigan explorando sus límites.
Las clases de power yoga más exigentes me han enseñado que es fácil perderse en hacer más y más, y que el verdadero reto está en que la forma no nos distraiga del fondo, que las asanas no nos distraigan de la práctica interior, la respiración y la presencia.
De las embarazadas a las que he dado clase he sentido su optimismo.Muchas empiezan su práctica de yoga por bien del bebé y para un parto más llevadero, y la continúan meses después, ya recuperadas, porque lo que hacemos por otros con amor nos enseña sobre el propio amor.
De las salas casi vacías aprendí la intimidad y la conexión con el alumno,las clases personalizadas y la escucha. De las salas llenas aprendo que sostener es una responsabilidad hermosa cuando se hace lo que se quiere, y que hay que tener tantos ojos como alumnos porque a todos nos gusta ser vistos y formar parte.
Así que créeme cuando digo que no importa si es tu primer día, puedes entrar al grupo y habrá una práctica para ti pensada con amor.
Mi bautismo en el dentista
En mis primeras prácticas recuerdo sufrir en el perro boca abajo, mirarme las rodillas brillantes de sudor, los poros de la piel en los muslos, los pliegues y ante esa perspectiva nueva de mis rodillas, pensar ‘’Vaya, estoy más cerca del cuerpo’’.La inocencia del que no sabe, me acercaba en silencio al saber verdadero. El yoga te acerca al cuerpo, te acerca a ti mismo.
La cuestión trascendió lo físico durante una de esas meditaciones en que sueltas los pensamientos repetitivos que ya no te sirven.Uno puede soltar como quien reza, esperando que algo pase, pero ¿y comprometerse?
Solté varias cosas más fáciles.De pronto, apareció un pensamiento:”El dentista’’.
Llevaba años con bruxismo y pesadillas de esas en las que se caen los dientes. Mi miedo al dentista me hacía no ir y mi miedo a las caries crecía a la vez que las posibles caries lo hacían (He aquí uno de mis bucles mentales). Me atreví a soltarlo en esa meditación y di pie a la encrucijada ¿Nos quedamos en el yoga que relaja y exhala lo negativo o vas a tomar acción?
Salí de clase, cogí hora en el dentista y me la dieron para el día siguiente, como si el tren de esa valentía fugaz no pudiera esperar. Algo dentro de mí odiaba el momento en que me tomé en serio. El miedo nunca quiere morir, ninguno de nosotros queremos.
Medité mucho ese día previo, hablé con mi profe Cristina ‘’Tómalo como un acto de amor a tu cuerpo’’ me dijo y me recomendó poner las manos en el ombligo, mantener la respiración ahí durante la visita podía evitar que entrara en pánico.
Me preparé como para un rito de iniciación, como si fuera mi bautismo allí mismo, en el dentista.La visita fué bien, no había caries y me limpiaron la boca.Me limpiaron la voz.
Terminando me sentía imparable, como si hubiera encontrado el truco para hacerlo todo. El truco de permanecer en la respiración.El truco de tomar la acción que impone, porque es ahí donde la vida nos prueba y se abre. Recuerdo pensar ‘’¿Qué más me da miedo?’’ como si quisiera erradicar todos los monstruos de un tirón ‘’Ah sí! Lo próximo es cantar’’ y empecé a cantar en público, a componer y publicar mis canciones. Pero eso es otra historia.
El bruxismo desapareció, y las pesadillas.Y aunque agradecí las noches tranquilas, supe que nunca se trató del cuerpo, ni de los dientes. Se trató de observar, tomar acción y conocer el beneficio espiritual de una vida más libre y ligera.